INFORTUNIO TRES / "algo que no es el decir late adentro" / todos los textos e imágenes bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License
La serie fotográfica que acompaña a las letras ha sido realizada por Ander Lauzirika (koproskilos@hotmail.com / www.fotolog.com/koproskilos)
Títulos de las fotografías por orden de aparición: Jasón y argonautas / Hefestos / Parcas / Dánae y Perseo
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ALEJANDRO FERNÁNDEZ OSORIO

fdez-osorio.blogspot.com
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La exactitud del instante (2008)

Ediciones Vitruvio

Con la verde melodía para ciegos
se desata sobre el paso de cebra
una estampida de humanidad.
Cuerpos aturdidos por el aroma de urbe
cruzan bizcos sobre flores y rayas,
sobre saliva y excretas de perros
-urbanos también-.

En la brevedad de la luz un niño llora,

y piernas, y zapatos, y rodillas y empujones,
e insultos e intermitencias e incivilidad.

Una mano confundida
le arranca un brazo al cuerpo
que queda ahí, llorando,

y carne y huesos y colillas y niebla.










En una atestada cafetería
canturrea la máquina de café
y dan las cuatro en el reloj de cuerda.

Una muchacha morena y frágil
como un olor a grano molido
posa su merengue mirada en mi taza
donde un cortado se viste
de mestizo café con leche.

Su sonrisa, un saquito de azúcar.

Su gesto, una cabriola de cucharilla.

Sobra decir que lo siguiente
fue un dulce sabor a café en los paladares.









Este periodo entre muertes
donde apenas tengo conciencia de mí,
sólo la intuición más pura
se atreve a decirme que algún día
caerán las nubes de una vez por todas,
a la vez que abriéndose la tierra
brotarán miles de insectos con olor desconocido
rodeando aquella parte impalpable
a la que nunca acobardó fisterra.

Puede llegar a ser empalagoso.

Las aves vienen de vuelta
vivas.












Inédito I

Ser madreselva y cubrir la languidez
con gestos blancos.
Ante el atónito desaire con el que rota
en un sostén velado, la vida.
Cubriendo el absurdo con un salvajismo
propio de la más burda existencia,
en el unísono nudo del destino...
combar sin tentación de huida,
sin apego a la sangre o la soga.
Ser Madreselva.
Vigilar desde este lado la terquedad
con la que camina mi antiguo cuerpo
en su propia búsqueda,
arrancando hojas de la mata,
llevándoselas a la boca para saborearlas
como si fuera el último consuelo del mundo.
Como si, por una vez,
yo fuera mi último consuelo en este mundo.